Con este título me refiero a aquellos análisis de lo inconsciente en que ante un símbolo, frecuentemente una imagen o un situación, se nos pide una asociación. Hay veces en que podemos decir:"Eso me recuerda a tal cosa o a tal anécdota", otras sin embargo, notamos: "un escalofrío, pena, alegría...incluso pinchazos en alguna parte de nuestro cuerpo". Pero hay otras en que no podemos decir nada de nada. Al menos nada que nos afecte personalmente a nosotros, que sería algo así como nuestra contribución personal a la descripción del símbolo. Aquí podemos pensar dos cosas: 1. Que el símbolo se nos ha presentado de forma tan descarnada que nada nos relaciona con él aparentemente. 2. Que hay un mecanismo de represión en juego que nos impide asociar por formar parte de un complejo de representaciones muy activo en nosotros. Pero ante estos casos existe una tercera postura de aproximación a lo arquetípico: utilizar nuestro pensamiento o nuestro conocimiento para desarrollar una asociación que es en parte una interpretación personal del símbolo. Con esto quiero remarcar que es una elaboración de la inteligencia más que una asociación al uso. Usamos nuestra capacidad para entender lo simbólico y así hablamos de lo que se encuentra más allá del mismo, de aquello a lo que apunta lo inconsciente. Naturalmente esta postura implica un entrenamiento más o menos logrado, una intuición o pensamiento introvertido desarrollado y un conocimiento de los principales mitos de la humanidad. Sé que es algo polémico en cuanto a considerarlo asociación, ya que lo asociado debería ser personal, aunque se puede decir que la elaboración sigue siendo marca de la casa, en cuanto que todas las teorías del mundo dependen de los valores y constructos mentales de quienes los enunciaron.
Por último, me gustaría indicar que con un poco de paciencia, quizá después de haber puesto en juego nuestra inteligencia, la genuina asociación personal sale a la luz. Así, por ejemplo, de mi mismo no supe qué decir cuando la luna apareció en uno de mis sueños, por lo que vinieron a mi mente lo guardado en mi memoria entorno a los mitos: la luna es lo femenino, lo mutable, lo impuro y también un símbolo de la locura. Horas después me dije:"¿De verdad no hay nada personal en ella?" - Sí que lo había. Recuerdo las largas noches en que observaba este astro con mi padre por medio de un telescopio que él mismo había construido.
Quiero, ya para finalizar, dejar claro que no considero estas palabras como un principio y final sobre este tema. La reacción a los productos de lo inconsciente tiene mil matices y algunos son difícilmente reproducibles. ¿Hay alguna manera verdaderamente satisfactoria de describir un sentimiento? Quizá sólo con la poesía se logre una fuerza expresiva similar. Y hay veces en que la intensidad de la asociación, la fuerza con la que nos asalta a la mente es determinante. La convicción con la que la expresamos es determinante y está por encima de si la asociación es personal o no. Lo espontáneo siempre es auténtico y por extensión, personalísimo.
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