domingo, 23 de febrero de 2014

Sobre el trabajo de los sueños en la vida consciente

Aunque escribir los sueños al poco de despertar me sirve para fijar mejor la impresión del mismo, sobre todo si son emociones, el trabajo en días posteriores permite una mejor respuesta consciente al sueño. Para mi es necesaria esa respuesta consciente, ya que todavía me cuesta admitir que si no comprendo un sueño aún así tenga influencia beneficiosa en mi, más allá del tratar de entender. Aunque el trabajo del sueño no acaba ahí, es la condición indispensable para ir más allá.  Uno no puede poner en práctica un consejo si no lo entiende. Acabo de pensar ahora mismo en James Hillman. ¡Vaya! Mi propio inconsciente se me revela.  Padezco el mismo mal que Jung y estamos enfermos de la necesidad de saber.
Tengo que trabajar con el sueño por mi mismo antes de llegar a la sesión analítica. Creo que por eso a veces mis asociaciones están rellenadas con mi sentido del sueño, que en si mismo es otra asociación, aunque un poco distinta. Menos mal que ahora hablo con palabras que son más mías y menos jungianas. No digo ánima, sino lo femenino en mi. No digo si-mismo, sino mi yo interior o la imagen de dios en mi.  Esto es necesario para saber por donde está pisando uno.  La única palabra que he mantenido sin cambios es la de la Sombra. Es demasiado buena como para prescindir de ella. Además es la más intuitiva de todas.  Todo el mundo entiende lo que le dices si le hablas  de el lado sombrío de su vida.  En si misma, la palabra Sombra pertenece a lo Colectivo y trasciende más que ninguna otra del acervo jungiano.  Esto no deja de ser una paradoja maravillosa.

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