domingo, 9 de febrero de 2014

Sobre los sueños y la muerte

Es conocida la tesis de que en los últimos años de vida, lo Inconsciente manda sueños preparatorios relacionados con la venida de la muerte.  Los mismos se extienden desde unos pocos años antes de morir hasta el mismo día del fallecimiento.  Es curioso como la forma cambia: desde un mero recordatorio a que resolvamos todos nuestros asuntos, hasta el habituarse poco a poco a la idea de la muerte. Impactantes son los últimos sueños, en los que se demuestra contra todo pronóstico una tenacidad del cuerpo y del espíritu en relación con la idea de la vida más allá de la muerte. Como por ejemplo, aquellos en que ocurre una catástrofe y parece que la oscuridad va a reinar de forma absoluta, pero de pronto algo queda, se mantiene vivo contra todo pronóstico. Parece que hay una relación entre estos sueños y el sentimiento innato en el hombre de una vida más allá de la muerte, por lo que es evidente que son manifestación de una misma cosa.
Ahora me quiero referir en concreto a una visión que tuvo el mismo CG Jung poco antes de morir.  Esta visión fue comentada por la propia ML von Franz en relación al negro futuro del mundo de la guerra fría aterrado por el peligro de una guerra nuclear.  Parece ser que el asunto vino cuando Jung, en medio de una visión, le dictó a una de sus hijas lo que serían los últimos cincuenta años de la humanidad. Este papel acabó en manos de Von Franz a la muerte de Jung, lo que unido a las ya sabidas dotes precognitivas de Jung desde poco antes de iniciada la primera guerra mundial, parecían predecir con ominosa seguridad que la catástrofe a nivel mundial planeaba sobre todos ellos. La visión última fue un poco menos alarmante, ya que  aunque casi toda la tierra era arrasada, quedaban zonas indemnes. Aunque buena parte de los jungianos más fieles de entonces creyeron a pies juntillas en estas dos visiones en su sentido colectivo, con la perspectiva que da el tiempo prefiero considerarlas, en especial la última de ellas, como una indicación, por parte de lo Inconsciente, de cómo se debía afrontar la muerte ya inminente. De hecho, en la conocida crisis de 1913-1914 el riesgo de brote psicótico que amenazara con arruinar la vida de Jung fue algo más que un mero temor neurótico y la intensidad de las emociones provenientes de las imágenes de lo Inconsciente Colectivo amenazaron realmente con destruirle.  Por lo que, sin obviar que se dan sueños colectivos en los individuos, prefiero considerar la guerra en gran parte como una sincronicidad que como el más que probable sentido del sueño.        

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